Retratos

Trejo: Los residuos del inconsciente.

“…lo bello no es más/ que el comienzo de
lo terrible, ese grado que todavía
soportamos;/ y lo admiramos tanto
porque, como al desgaire, desdeña/
aniquilarnos.. .”

Rainer María Rilke

Para huir de lo diferente, pero no tanto, y poder respirar y remontar las simas del inconsciente es sano mirar frente a frente a los ojos de los semejantes, aunque no tanto, lo singular se encuentra en cualquier parte, cuando la percepción es aguda. Ese paso necesario se da en sus retratos. En ellos, abandonada la exigencia un tanto artificial de recrear o mostrar lo diferente, los resultados alcanzan nuevas cotas de sutileza sin perder intensidad ni hermosura. El único disfraz proviene ahora del armazón de apariencias que los propios personajes se otorgan a sí mismos al enfrentarse al fotógrafo. Limitándose a captar personas normales, si existe alguien que merezca esa rúbrica, consigue condensar en el momento eterno de la instantánea tanta información que en algún caso se diría que esos rostros recién examinados pertenecen a viejos conocidos, tan hondo es el trazo.

Su arte es fronterizo. Pero no se os ocultará que siempre, en toda su obra, la mirada serena se impone, desde códigos de representación limpios, vinculados a un clasicismo que no se encubre y que no necesita de la extravagancia, apresa poderosamente vestigios de esas realidades paralelas que nuestra consciencia se afana en ocultar.
Posiblemente, por eso, la voz llega clara, intensa y profunda.

Extracto del texto “Trejo: los residuos del inconsciente”

Guillermo Martín Becerril.